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Una semana para terminar

de Jess del Cerro Luni, 8 mai 2017, 19:28
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​En Estados Unidos los rodajes no se basan en la lógica semanal por la que se trabaja de lunes a sábado y el domingo –salvo que se pague doble– se descansa, se come a mediodía y se cena por la noche.  Aquí se trabaja en ciclos de seis días –sean los días de la semana que sean– y se descansa el séptimo.  Se rueda durante doce horas a las que se añaden treinta minutos para comer.  La comida se realiza a las seis horas de empezar el rodaje; teniendo en cuenta que podemos empezar por la mañana o por la tarde –si rodamos de noche– podríamos comer a las cinco de la tarde, doce de la noche o cuatro de la madrugada y, al acabar el rodaje (sea también la hora que sea), tenemos cena en el set.  Además, al tiempo de rodaje hay que añadir que siempre se llega antes para preparar, se va uno mas tarde y, unido esto a los traslados, las jornadas de rodaje terminan siendo de catorce o quince horas.


Después de tres semanas de rodaje a este ritmo, me encontraba un miércoles desayunando en Dennys aprovechando mi día libre.  Era un día soleado que invitaba a estrenar, después de un mes de estar allí, la piscina del hotel.  Sin embargo, la piscina debería esperar a la última revisión de guion; tocaba ver qué se había rodado, pensar si aquella secuencia que se hizo en tres días diferentes estaba acabada del todo, recordar que en una secuencia de acción nunca rodamos los insertos de la pistola, decidir si tenía los planos suficientes para el montaje de la secuencia 69, esa que contaba el viaje de dos días de los protagonistas desde París a las Islas Canarias y que, además, narraba lo que les pasaba en esos días a todos los personajes.
Una película es un gran puzle.  Las fichas las vas creando durante el rodaje.  Cada plano es una de las fichas de ese puzle que, después, en el montaje, deberás completar.  El montaje te permite jugar y cambiar, acelerar y ralentizar la película.  El músico te ayuda a generar sentimientos, tristeza, alegría, a dar más acción, más heroicidad o más dramatismo pero, si en rodaje no has generado el número suficiente de piezas, la película estará incompleta.  Como un puzle de un molino de los Países Bajos al que, después de montarlo, descubres que le faltan diez piezas y está incompleto, no sirve. En nuestro caso, si eso ocurre, aparecerán incongruencias, fallos de continuidad, no se entenderá por qué hace o no hace algo un personaje al faltar el momento en que se explicaba; o, lo que es peor, no se entenderá la historia, esto es, haremos una película mala.

Por delante me quedaban seis días de rodaje para cerrar las secuencias que me faltaban y para rodar planos que aquí y allá no habíamos acabado de hacer.  Muchas secuencias estaban incompletas: planos de teléfonos, reacciones de personajes, planos de detalle de objetos, insertos de un cuchillo en el momento de matar a un personaje, planos del coche pasando o de un actor viendo una pelea… Cuando falta tiempo en rodaje (casi siempre) se prioriza el rodar lo que involucra a los actores principales, a la localización, a aquello que no podrás tener más tarde o lo que es más caro y, muchas veces, el plano del teléfono se decide hacer otro día con la mano de otra persona, el inserto del cuchillo se rodará en otro sitio y ni el pecho de quien recibe el navajazo será el del actor, ni el brazo que empuña el cuchillo será del otro actor; vestiremos a dos personas y, en otro sitio, recreando la luz, rodaremos ese plano.
En cualquier caso, lo importante es tener la seguridad de que tienes todos los planos, todas las imágenes; el sonido siempre se podrá grabar si te falta algo.  De hecho, en cada película hay unos días después de rodar en los que se graba el sonido que falta o que, por razones de calidad, es conveniente repetir cuando has rodado en sitios con mucho ruido como cerca de carreteras o de maquinaria.  Pero la imagen no se podrá repetir, la localización que se pintó y amuebló para el rodaje desaparecerá, las paredes que se añadieron irán a la basura, el teatro que se alquiló seguirá tal y como estaba, pero volver a rodar allí sería volver a pagar el alquiler del espacio; además, los actores se cortarán el pelo, se lo teñirán para otra película o, simplemente, irán a la playa a descansar y tomarán el sol cambiando el tono de piel por lo que, básicamente, será imposible (salvo asumiendo un coste muy elevado) volver a recrear esos momentos.

Así, al acabar de desayunar y mientras en el hilo musical de aquel Dennys de Puerto Rico sonaban Miguel Bosé, Julio Iglesias y Mecano, me dispuse a mirar una vez más el guion, donde muchas secuencias aparecían ya tachadas (señal de que estaban rodadas), para volver a imaginar cada secuencia, a contrastar mi imaginación con lo que ya existía y estaba rodado y a ver aquello que no tenía: ese plano que había olvidado, esa sonrisa que, en un momento, unía a dos personajes, ese plano del teléfono en el que, a través de un mensaje, el protagonista descubría la traición, el detalle del dedo apretando el gatillo o ese plano de las manos de los actores uniéndose para acabar la secuencia en el hotel de Canarias.  Así tendría la seguridad de que contaba con todo lo que hacia falta para que, cuando se acabará el rodaje en Puerto Rico, pudiera empezar a montar el puzle sabiendo que disponía de todas las piezas necesarias para hacer la película, para hacer una buena película.
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